Son nueve los países
del mundo que cuentan con arsenal atómico y entre todos ellos poseen unas 10,215 bombas en la actualidad. Desde la década de los noventa, por convenios internacionales, Estados Unidos y Rusia han venido reduciendo sustancialmente su arsenal atómico a mucho menos de la mitad. Sin embargo, las bombas atómicas que hay en el mundo siguen siendo bastantes y aterradoras, ya que si todas estas naciones que las poseen las hicieran detonar al mismo tiempo, provocarían
una hecatombe de tal magnitud que cambiaría radicalmente la vida sobre este planeta.
Las primeras dos bombas
atómicas fueron creadas por los Estados Unidos en el año 1945. Luego Rusia tuvo
la capacidad de crear su propia bomba en el 1949. En seguida fue el Reino Unido
quien tuvo su propia bomba en el 1953. Posteriormente lo hicieron Francia y China en
el 1964. Para el año de mi nacimiento en el 1966, estas cinco naciones ya
habían amasado un arsenal atómico horroroso de 38,603 unidades y la carrera
armamentística estaba en su auge. En el año 1967, Israel se unió al club y en el
año 1974 lo hizo la India. En 1998 fue Paquistán quien se armó nuclearmente.
Finalmente, Corea del Norte en el 2006 se declara también como país poseedor
de arsenal atómico.
En realidad la fabricación de armas letales comenzó mucho antes que el año 1945, comenzó en los albores mismos de la humanidad, recién estrenada la vida y recién estrenado el planeta.
En Génesis 4:8, la Biblia ofrece el siguiente relato: “Y dijo Caín a su hermano Abel: Salgamos al campo. Y aconteció
que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo
mató”. Caín enceguecido por sus celos se las ingenió para golpear a su hermano
Abel hasta causarle la muerte. Fue la primera muerte humana registrada y el
primer asesinato cometido por un ser humano en contra de otro.
Desde aquellos tiempos remotos, el hombre ha utilizado diligentemente su capacidad
inventiva para la maldad y para la destrucción de sí mismo. La Biblia siempre ha advertido que el corazón humano, lastimado profundamente por el pecado, es un terreno fértil para la invención de armas y guerras. La perversa capacidad auto destructiva del
corazón del hombre es casi infinita, sino, ¿cómo se podría explicar la
delirante ambición de las naciones por producir más y más bombas atómicas que
no pueden tener otro destino sino la aniquilación en masa de otros seres humanos?
La historia de Caín nos
enseña que el odio, los celos y la sed de venganza, hacen de nuestro corazón
una verdadera ojiva nuclear presta para ser activada en cualquier momento y
debemos tener mucho cuidado. Jamás debemos subestimar el potencial de la ira y
del odio, aquellas fuerzas destructivas que poseemos dentro de nosotros mismos, aunque permanezcan congeladas por un tiempo. Cualquier conflicto pequeño
puede encender la mecha y detonarlas en
contra principalmente de nuestro cónyuge y de nuestros hijos, las víctimas potenciales
más cercanas.
El corazón humano es
como una fiera salvaje. agresiva e impredecible, que solo cuando una persona le
rinde su vida a Jesucristo y recibe el don del Espíritu Santo es capaz de tener
dominio propio sobre él. Cuando el Espíritu Santo entra a morar en el corazón
del creyente, produce un precioso y apacible fruto en nuestra manera de ser y
de tratar a los demás, cambia esos arranques de ira y esos funestos
pensamientos de odio y rencor, en actitudes de amor, de gozo y de paz.


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