Esta brillante artista logró tanto en tan poco tiempo que hace imposible la tarea de imaginar todo lo que pudo haber hecho en otros veintisiete años más de vida. Hizo dos discos, de los cuales el segundo, “Back to Black”, ganó cinco premios Grammy. George Michael la llamó “la vocalista más conmovedora que ha visto este país”. ¡Estaba en la cúspide de su carrera artística! Emociona tanto pensar en lo que hizo, pero duele más pensar en lo que dejó sin hacer. Solo pensemos en los poemas que no se escribieron, las canciones que no se compusieron, el hogar que no formó, los hijos que no tuvo, los consejos que no impartió, los libros que no escribió, los besos ni los abrazos que no dio a quienes amaba y se los guardó para sí para siempre. Imaginemos la casa que no construyó, los conciertos que jamás la volverán a tener a ella en vivo, los lugares que no conoció, las fotos que no tomó, los premios que no ganó, las caminatas que no realizó y las glorias y los honores de los que privó a sus padres y a su país natal.
Pero el nacer con un talento musical no le garantiza el éxito en la vida a nadie. El disfrutar de una vida plena está muy relacionado con conocer el propósito por el cual fuimos creados, nuestros roles en el mundo y el ejercicio eficaz de nuestros talentos al servicio de los demás. El éxito en la vida tiene que ver con las decisiones que tomamos diariamente. Lastimosamente, en su juventud temprana, Amy tomó decisiones que repercutieron negativamente el resto de su vida y la empujaron a una muerte tempranera. Amy decidió entrar en amistad con el alcohol y las drogas, pésimos consejeros y la cercanía con este binomio es fatal. Talento y vicios no hacen buena química. Aun su propia madre, Janis Winehouse, quien se reunió con Amy el día anterior a su muerte, declaró: “Solo era cuestión de tiempo para que mi hija muriera. Parecía desorientada. Pero aún no capto del todo su muerte repentina”.
Myles Munroe escribió una vez: “La mayor tragedia que puede existir no es la muerte, sino la vida, la vida que fracasa en cumplir su propósito y desarrollar su potencial”. Amy Winehouse no fue creada para malgastar su vida en el alcohol y las drogas. Dios le dio un precioso talento para que lo haya usado para la gloria de Él y para el beneficio de los demás. Vivir para sí mismo no es de sabios, es de locos. Engolosinarse con los éxitos, la fama y las riquezas es la peor empresa en la que podemos invertir el fruto de nuestros talentos. La plenitud de la vida consiste en amar a Dios y servir a los demás.

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