¿Cuál es tu idea de un matrimonio perfecto o de una esposa perfecta? Si eres un joven soltero que andas buscando una mujer perfecta con la cual casarte, para formar un hogar perfecto y tener hijos perfectos también, déjame decirte que tienes tus expectativas demasiado altas e irreales, porque tal cosa no existe en este mundo. En los tiempos de la Alemania nazi, allí por los años 30 y 40 del siglo pasado, se quiso diseñar y desarrollar el perfil de la mujer perfecta, la cual serviría como "pilar de la raza germana".
Según unos documentos encontrados recientemente en el Archivo Federal Alemán, una mujer para poder casarse con su novio de las filas de la policía secreta o cualquier otro funcionario nazi, tenía obligatoriamente que pasar por la "Escuela de Novias", es decir, un programa de seis semanas dedicado a enseñarle a cocinar, a coser, a limpiar, a planchar, a decorar la casa y a cuidar y educar a los niños. También les proporcionaban nociones sobre cómo comportarse en eventos sociales.
Solo después de estudiar estas asignaturas las jóvenes alcanzaban el estándar de la mujer nazi ideal: admiradora de Hitler, genéticamente impecable y profesional en las faenas de la casa, y entonces podían casarse. Wow, sí que era difícil ser una "novia ideal" en los tiempos aquellos. Cuando ellas recibían el certificado oficial de la "Escuela de Novias", se les permitía contraer matrimonio por medio de una ceremonia neopagana, ante un altar decorado con los símbolos nazis y en presencia de los miembros de las Fuerzas Armadas nazis.
El matrimonio humano no es perfecto pero el Dios que lo formó sí. El Evangelio de Mateo, capítulo 19 y versículos 4 al 6, registra las palabras de Jesús: "¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por eso el hombre dejará a su padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne? Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre". El matrimonio nació en el corazón de Dios y Dios le dio todos los recursos para llegar a ser una relación próspera y feliz, pero el pecado lo arruinó todo. De ese tiempo en adelante, no hay perfección en ninguno de los actos y en ninguna de las relaciones humanas.
Pero, aunque los hombres y las mujeres seamos imperfectos, Dios desea que vivan en un hogar donde reine el respeto y la paz. Por eso envió a su Hijo a morir y a derramar su sangre para lavar los pecados del esposo y los pecados de la esposa. Cuando cada cónyuge le entrega su corazón a Jesús, Dios envía su Santo Espíritu para morar dentro de su corazón, para que el esposo tenga la fortaleza y la sabiduría para ser el líder y el ejemplo en su hogar; y para que la esposa sea la compañera idónea para el esposo y la madre amorosa y tierna para los hijos. Así el matrimonio puede alcanzar la plenitud del propósito por el cual Dios lo creó.


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