El aborto inducido o la interrupción voluntaria del embarazo, es legal en todos los Estados Unidos, desde la sentencia de la Corte Suprema en el caso Roe contra Wade, del 22 de enero de 1973. Legal o ilegalmente, se estima que 46 millones de abortos se practican en todos los países del mundo cada año. En los Estados Unidos se realizan aproximadamente unos 3 mil 700 abortos al día, lo que hace una cantidad superior al millón 350 mil al año y el 42% de las mujeres que han abortado han sido menores de 25 años.
Desde que se legalizó el aborto en los Estados Unidos en 1973, se han asesinado a más de 54 millones de niños y niñas inocentes, lo que significa que el aborto es realmente un genocidio de un grupo humano específico e indefenso, los niños. Esta cantidad de abortos es 30 veces mayor que el número de estadounidenses que han muerto en todas las guerras combinadas. Además, si llamamos genocidio a los 6 millones de seres humanos asesinados por Hitler durante la dominación nazi en Europa, en los últimos 40 años se ha realizado en los Estados Unidos un genocidio 9 veces mayor al de Hitler.
Un
dato muy curioso revela que casi la mitad de los abortos que se practican en los
Estados Unidos son efectuados a mujeres católicas y evangélicas, aun cuando ambas
religiones se oponen al hecho de interrumpir voluntariamente la gestación.
Eso demuestra dos cosas: 1) El poco conocimiento que se tiene acerca del origen de la vida, y 2) El poco compromiso que se
tiene para guardar los principios bíblicos. Además, según estudios realizados a mujeres que desean abortar, el 93% de los abortos se
deben a “motivos sociales”, sobre todo por la decisión de la madre de que el
hijo “no es deseado o es inconveniente”. Y eso tiene un porqué también, y es que la mayoría de las mujeres que abortan son jovencitas que sin ningún tipo de recato ni responsabilidad le dan rienda suelta a su sexualidad y cuando se hallan embarazadas sin desearlo y sin estar preparadas para la maternidad, encuentran en el aborto una salida fácil a sus problemas.
La vida humana y sus derechos inalienables empiezan desde el mismo instante de la concepción y no desde el nacimiento. La unión de los dos gametos
(masculino y femenino) forman una criatura única y bendita de Dios, con un
propósito maravilloso para este mundo. El salmista David reconocía que Dios fue
quien le dio la vida cuando estaba en el vientre de su madre: “Porque tú formaste mis entrañas; Tú me
hiciste en el vientre de mi madre” (Salmo 139:13). Y el profeta Jeremías
reconoció que la agenda de su vida profética fue diseñada por Dios aún antes de
su nacimiento: “Antes que te formase en el vientre te
conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones”
(Jeremías 1:5).
Las lágrimas de los
estadounidenses son muy selectivas, se derraman a raudales cuando se enteran
que un grupo de ballenas o de delfines han encallado en alguna playa, pero ni
siquiera una se derrama cuando miles de seres humanos nonatos encallan en la camilla de un hospital y son arrancados diariamente con
violencia del vientre de sus madres. El sexto mandamiento dice claramente: “No
matarás” (Éxodo 20:13). El aborto podrá ser legal, se podrán exponer muchos
argumentos para seguir practicándoselo a cualquier mujer que lo desee, pero la
Biblia enfáticamente dirá que el aborto es un crimen inmoral. Y cualquier mujer
que no encuentre sentido a su embarazo puede recurrir a Jesús, quien perdonará
todos sus pecados y le dará una vida realmente plena y llena de propósitos. Jesús dijo: "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar" (Mateo 11:28).


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