El pasado 15 de agosto de 2013, a última hora de la tarde, después de sufrir un paro cardío respiratorio ligado a un derrame cerebral muy severo que le provocó un estado "irreversible", ha fallecido el el hospital privado San Rafael de La Coruña, la Sra. Rosalía Mera Goyenechea, empresaria española que se convirtió en la mujer más rica de España tras su divorcio de Amancio Ortega, actualmente el tercer hombre más rico del planeta y dueño del imperio textil Inditex. A las primeras horas de ese día, la Sra. Rosalía Mera se encontraba en la isla Menorca disfrutando de unas alegres vacaciones con su hija Sandra, al final del mismo día, se encontraba muerta en la sala de un hospital.
Rosalía Mera no padecía ninguna enfermedad grave hasta la fecha. Ocupaba su tiempo en impulsar la Fundación Paideia, una organización sin ánimo de lucro que trata de favorecer la integración social de los discapacitados. Su muerte repentina ha dejado perplejos a familiares y a todos quienes la conocían de cerca. Pensar que ella con sus millones, podía costearse la estancia en el mejor hospital de España y el mundo. Contratar la opinión y la atención de la junta médica más calificada de la tierra. No existe medicina ni tratamiento, por más oneroso que hayan sido que ella no hubiera podido pagar. Sin embargo, la hora de la muerte le llegó y ahora mismo está en la eternidad. Según la revista Forbes, Rosalía Mera Goyenechea poseía una fortuna estimada en 4 mil 700 millones de euros, colocándola como la mujer más rica de España y la número 66 entre las mujeres más poderosas del mundo entero.
Sin importar si somos hombres o mujeres, niños o ancianos, profesionales o sin ningún tipo de preparación académica, ricos o pobres, todos debemos vivir preparados para nuestra partida de este planeta. Así como en el caso de la Sra. Mera, la muerte no da mucho tiempo para prepararse. Y puesto que la muerte es un viaje que lo realizaremos una sola vez, deberíamos estar seguros cuál será nuestro destino eterno a la hora de cerrar nuestros ojos a esta vida.
Jesús dijo en el Evangelio de Juan 5:24: "De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida". Es posible en esta vida asegurarse un lugar eterno en el cielo, en la casa de Dios. Nadie tiene que morir a ciegas sin la certeza de dónde pasará la eternidad. Jesús te ofrece el perdón de tus pecados si le confiesas como el Señor y el Salvador de tu vida. Si aceptas a Cristo en tu corazón, tu nombre puede hoy mismo ser inscrito en el Libro de la Vida, y así no importa si la muerte toca a tu puerta, tú ya estarás preparado y seguro para irte a vivir con Cristo para siempre.


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