En 1941 Hitler disfrazó el campo de concentración de Terezin e hizo que aparentara ser un verdadero
paraíso terrenal, un balneario idílico para pasar unas estupendas vacaciones,
pero en realidad era la gran mentira nazi para ocultar la masacre de millones
de judíos. Decía Joseph Goebbels, el ministro de propaganda del Tercer Reich,
que una mentira dicha mil veces termina
convirtiéndose en verdad. Convencidos por esta máxima, durante toda la
Segunda Guerra Mundial los germanos con rotundo éxito mostraron la prisión de Theresienstadt, un campo de
concentración checoslovaco, como un paraíso en la tierra regalado a los judíos
por el mismísimo Führer. Filmaron un
documental demostrando la buena vida que los judíos disfrutaban en el Gueto Modelo de Theresienstadt y aún dijeron que la ciudad estaba regida por
ellos.
En 1944, permitieron a la Cruz Roja Internacional
entrar en el recinto para elaborar un informe sobre la vida de los presos. Los
nazis obligaron a los reos a mostrar a la delegación lo felices que estaban.
Fabricaron escuelas, talleres, campos de tenis y fútbol, parques infantiles, bibliotecas,
teatro, tiendas y cafés falsos, para encandilarles con la idea que los internos
allí vivían relajados y sin preocupación alguna. Los representantes de la organización salieron convencidos de que los rumores sobre las cámaras de gas
eran falsos y que Hitler solo quería que los judíos se preparasen para la vida en Palestina.
Sin embargo, aunque la fortaleza estaba cerca de las
montañas de Bohemia con un entorno paradisíaco propio de un cuento de hadas, en
dicho campo de martirio se cometían las mismas barbaridades que en el resto. Cuando
el tren se detenía cerca de la fortaleza, tenían que caminar tres kilómetros
llevando sus maletas y sus hijos. Las culatas de los fusiles y los gritos de
las SS los apuraban. Muchos ancianos se desplomaban y los niños no dejaban de
llorar por el hambre y el agotamiento. Al llegar le quitaban todo lo que
portaban y les daban algunas prendas sin contemplar las tallas. Si era
sumamente pequeña significaba la muerte segura en el invierno. Eran amontonados
hasta cuarenta personas en habitaciones en las que cabían cinco o seis. La
higiene era nula, pues contaban con un cuarto de baños para ciento cincuenta
personas, con lo que el hedor de la habitación era insoportable y solo se podía
llegar caminando por encima de decenas de cuerpos hacinados. La gente tenía
hambre todo el tiempo. La dieta consistía en un café débil en las mañanas, una
sopa aguada y una papa cocida para el almuerzo, un tercio de pan y dos onzas de
margarina a la semana. Y así se pueden contar hasta el infinito las deplorables
condiciones de vida que los bienaventurados
judíos vivían en la mayor pantomima de la historia jamás creada.
En Terezin todo era una falacia nazi. La Biblia dice que
todo el placer y la felicidad que Satanás ofrece es también una falacia. Satanás
es mentiroso y padre de mentira y a menudo se disfraza de ángel de luz. Satanás le dice al pecador que todo irá bien, que sus
vicios lo llevarán al éxtasis del placer y a la verdadera felicidad, que disfrute
al máximo del sexo, el alcohol y las drogas y que no se preocupe de su
comportamiento en esta vida, pues Dios es amoroso y perdonador y jamás lo
enviará al infierno ni a ningún lugar parecido. Y muchos viven engañados con
tales mentiras y se conducen en total desobediencia e indiferencia hacia Dios y
hacia su Ley. Cuando pasen de esta vida a la eternidad, ellos no tienen ni idea
de lo que les espera, en vez de una Terezin
Eterna les espera una horrenda expectación de juicio y una inevitable
condenación al Lago que arde con fuego y azufre.
Por el contrario, cuando miramos a Jesús en la cruz del calvario muriendo por nuestros pecados y escuchamos la maravillosa promesa que una vez dijo: “El propósito del ladrón es robar y matar y destruir; mi propósito es darles una vida plena y abundante” (Juan 10:10). Jesús no nos está engañando ni nos está manipulando, nos está diciendo la verdad. Jesús es la única persona en la cual podemos confiar para el perdón de nuestros pecados y así disfrutar de una vida plena en esta tierra y una vida gloriosa en el cielo para siempre.


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